Por Consuelo Goeppinger
Cuando el constructor civil Fabián Mejías arrendó el local que más tarde se convertiría en Mesura, no tenía nombre, chef, concepto ni experiencia en el rubro gastronómico. Lo único que tenía claro eran dos cosas: que quería cambiar de rumbo y que lo haría abriendo un restaurante con platos para compartir.
Hasta entonces había trabajado toda su vida en construcción, administrando proyectos inmobiliarios y edificios en altura. Pero desde hace un par de años que ya no le encontraba demasiado sentido a lo que hacía y la comida empezaba a ocupar un espacio cada vez más importante en su vida: cocinar, salir a comer y compartir alrededor de una mesa. “Entendí el comer como un acto de amor”, dice.



Así, casi sin contactos en el rubro, aprendiendo sobre la marcha y levantando el proyecto únicamente con capital propio, empezó a darle forma a un pequeño comedor frente al Parque Bustamante, en Ñuñoa. Un lugar de barrio, sencillo y sin pretensiones.
Ahí apareció Cristóbal Montero, chef que trabajó en restaurantes de alta cocina, con quien terminaría armando la identidad de Mesura: una carta corta de estilo comfort food, con platos para compartir y preparaciones que, aunque parezcan sencillas, esconden mucha técnica detrás.


Hoy en el restaurante de cocina casual ofrecen Croquetas de pernil ultra crujientes ($7.000), Ensalada César con pollo frito ($13.900) y Flat iron con chimichurri y papas fritas ($15.900), entre otras opciones; a buenos precios, por cierto.
“Tratamos de hacer comida rica, pero no pretenciosa”, explica Cristóbal. “Nos gusta el buen comer, no esa cocina llena de elementos. Tratamos de trabajar todo con técnica y sabor”.

Eso se nota especialmente en preparaciones como las Albóndigas con puré ($13.900), por ejemplo, que vienen con una salsa hecha a partir de caldo y demi-glace de huesos y osobuco, mientras que el puré se tamiza dos veces para lograr una textura mucho más suave. Las papas fritas –probablemente uno de los platos más pedidos del restaurante– se hacen a partir de papa yagana cocida y mezclada con maicena y chuño antes de freírlas, logrando bastones increíblemente crujientes por fuera y con textura de nube en su interior.


También está el Pollo frito ($10.000), uno de los favoritos de la casa, marinado previamente en vinagre para conseguir una carne más tierna y jugosa. Y la Merluza de Con Agallas con puré de brócoli y verduras ($13.900), otro ejemplo de una cocina que busca impresionar más desde el sabor que desde la pirotecnia.
Mesura, además, funciona como una pequeña plataforma para cocineros y artistas jóvenes. Todos los meses organizan pop ups, desayunos y colaboraciones junto a otros proyectos gastronómicos y creativos, buscando generar comunidad.


Por ahora, eso sí, aún no cuentan con patente de alcohol, algo común entre los restaurantes nuevos que abren en Chile. Pero cuando la tengan, adelantan, ofrecerán una buena carta de cocktails clásicos y vinos naturales.
“No me interesa hacerme millonario con esto”, dice Fabián. “Me interesa hacer un lugar donde la gente quiera volver, trabajar con personas talentosas y hacer las cosas lo mejor posible con lo que tenemos”.
Mesura. General Bustamante 655, Ñuñoa. Martes a viernes de 13 a 16 y de 18 a 21 hrs, sábado de 09 a 16 y de 18 a 21 hrs, domingo de 09 a 16 hrs. Más info en el Instagram @mesura_rest.


Deja un comentario