Por Consuelo Goeppinger
Benito Vicente es la pizzería del momento en Santiago. ¿Cómo un local de apenas 40 m2, 20 puestos y horno a la vista ofrece algunas de las mejores pizzas de la ciudad? Fácil, gracias al talento de la cocinera Ágata Quercia (34), quien dejó los restaurantes de alta cocina para dedicarse a lo que más le gusta hacer: pizzas. Pero no de cualquier tipo, sino a su pinta, fermentadas durante 48 horas y elaboradas con ingredientes como ají oro, espárragos, habas y naranjas.


Lo que comenzó como un proyecto clandestino en pandemia terminó convirtiéndose en una pizzería hecha y derecha recién en agosto de 2025, varios meses más tarde de lo previsto. No fue fácil transformarse en su propia jefa, menos dirigir un equipo donde ella misma pone las reglas. Antes de abrir, le pasó de todo: inundaciones en el local, meses de espera y trámites eternos para conseguir las patentes. Finalmente, lo logró. “Ha sido un proceso muy desafiante y de aprendizaje constante, pero también muy divertido”, cuenta Ágata. “Me ha tocado hacer cosas que no tienen nada que ver con cocinar y transformarme en la persona que corta el queque. Es un cambio de mentalidad”.


El local es mínimo y, por lo mismo, se llena. Hay que ir con tiempo y paciencia. ¿La carta? Corta y precisa, con no más de 10 preparaciones. Hay seis pizzas: una Margarita –“para los mañosos”, dice Ágata–, pero el hit son las otras. Entre ellas, la de Base blanca con mozzarella, queso azul, ají oro encurtido y miel ($13.000), de notas agridulces. O la de Base amarilla con choclo asado con mantequilla, salsa de ají, albahaca, ciboulette y parmesano.
La de Pepperoni ($13.000) es una de las favoritas, con salsa picante de maní, pomodoro, parmesano y el borde untado en mantequilla de ajo. Y la más jugada es la de Base verde, con mozzarella, ricota, habas y naranja. Sorprendente. “Usamos la pizza como un formato para seguir cocinando”, cuenta. “Nos interesa trabajar con buenos ingredientes y combinaciones que funcionen bien juntas”.


Algunas variedades van rotando según temporada: por sus pizzas han pasado ingredientes como espárragos, hinojo, anchoas, granadas e incluso furikake, esa mezcla japonesa de algas y semillas de sésamo. “La idea es mantener esa libertad, probar cosas nuevas y trabajar la pizza con el mismo proceso creativo que un plato de restaurante”, explica Ágata.


La propuesta se completa con Gildas –de anchoas con ají oro o de queso azul con aceitunas–, una sola opción de postre (la Panna cotta de tuna, ultra instagrameable) y una selección acotada de vinos, vermú y bajativos como Grand Marnier.
Benito Vicente no busca parecerse a nadie. Y probablemente por eso funciona. Es una pizzería con personalidad propia. Y por eso la amamos.
Benito Vicente. Avda. Francisco Bilbao 707, Providencia. Martes a viernes de 19 a 23 hrs, sábado de 14 a 17 hrs y de 19 a 22 hrs. Más info en su Instagram @benitovicent3.


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