Pizzas chileno-napolitanas, barras de ramen, vinos de lujo, cocinas de autor y charcutería artesanal. Eso y más convive en MUT, el nuevo polo gastronómico de Las Condes que reúne a más de 70 bares, restaurantes y tiendas gastronómicas –para todos los gustos y bolsillos–, que hoy son parada obligada para los fanáticos del buen comer. 

Por Consuelo Goeppinger

Son las dos de la tarde de un sábado de agosto y frente a la puerta del restaurante Toni Lautaro, en el cuarto piso del MUT, Las Condes, hay una fila de 40 personas esperando por una mesa. Al interior, el comedor de paredes rojas y cocina a la vista está repleto: más de 200 comensales sentados, disfrutando pizzas artesanales de inspiración chilena, “platitos” de antipastos en base a ingredientes locales, o milanesas de pollo tamaño XL cubiertas de ensalada César, uno de los hits de la carta.  

La escena se repite prácticamente todos los días desde su apertura, en agosto de 2024. “Desde que abrimos, siempre tuvimos fila, y eso que al principio ni siquiera teníamos patente de alcohol”, cuenta Matías Arteaga, el cerebro detrás de este exitoso restaurante, que entremezcla sabores mediterráneos con productos chilenos. Hoy recibe a más de 500 comensales a diario. Incluso más.

Para Arteaga, parte del éxito del proyecto se debe a su cocina, por supuesto, pero también al lugar donde está ubicado. De hecho, fueron de los primeros en apostar por este nuevo espacio, cuando todavía estaba en construcción. “El MUT reflejaba muy bien lo que estábamos buscando, un local que funcionara todos los días, que tuviera buena conectividad y un público diverso, que buscara calidad y generosidad”, agrega. 

Identidad propia 

El MUT, como se conoce al Mercado Urbano Tobalaba, no es un centro comercial común y corriente. Desde su concepción, hace unos 12 años por la gestora inmobiliaria Territoria, la idea fue crear un “espacio a escala humana”, donde se hablara más de personas que de consumidores. “Siempre pensamos que Santiago necesitaba un lugar donde convivieran gastronomía, comercio, oficinas y cultura, desde una mirada sostenible. No existía algo así en Chile”, explica la gerente general del MUT, Paloma Cintolesi, sobre el proyecto que abrió sus puertas en julio de 2023.

En los cinco pisos, que combinan recintos al aire libre y niveles subterráneos conectados con el metro, no hay cadenas de comida rápida ni patios de comida estandarizados. En cambio, hay jardines abiertos al público, terrazas donde cualquiera puede sentarse a trabajar y espacios pensados para el encuentro.

Con más de 180 tiendas abiertas –desde moda y deportes, hasta libros y vinilos–, el corazón del MUT está en la gastronomía: 75 locales entre restaurantes de autor, cocinerías, panaderías, cafeterías y tiendas gourmet. Cada uno pasa por un proceso de curatoría que privilegia la calidad y la singularidad. “Nunca vamos a tener una cadena de comida rápida. Lo que buscamos son conceptos sólidos, con identidad propia, que conversen con lo que ya existe y que aporten algo nuevo”, explica Cintolesi. 

Puede ser una barra de ramen de autor como Mirai Food Lab, una tienda de quesos artesanales como Stgo. Cheesemongers o una fuente de soda tan tradicional como la incombustible Antigua Fuente, famosa por sus sándwiches de lomitos en el centro de Santiago. Todos comparten los mismos pilares: calidad, consistencia y una propuesta con identidad.

La diversidad de sabores es lo que le ha dado identidad a MUT. Y también su vertiginoso éxito: más de 700 mil personas al mes transitan por sus pasillos. Un público transversal que mezcla oficinistas, vecinos, familias, jóvenes y adultos mayores, quienes llegan no solo por su oferta gastronómica, sino también por las actividades culturales que organizan: desde ferias de vinos naturales hasta conciertos de música clásica. “Nuestra estrategia apunta a convocar a gente en torno a diversos intereses, a muchos nichos”, dice Cintolesi.

Mercado urbano

Uno de los puntos más atractivos de este proyecto es su mercado, que reúne desde florerías y tiendas de productos orgánicos, hasta carnicerías, queserías, panaderías y cafeterías de especialidad. 

El venezolano Marcos Somana, dueño y maestro charcutero de La Fiambrería, fue uno de los primeros en apostar por el proyecto. Su tienda abrió en julio de 2023 con una atractiva vitrina de fiambres artesanales –jamones, salames, pastrami, mortadelas–, que se transformaron en imán para los fanáticos de la buena charcutería. Pero lo que terminó de consolidar su fama fueron los sándwiches preparados en el local.

La Fiambrería se volvió viral en redes sociales apenas abrió. “El chileno es amante de los sándwiches y nuestra propuesta calzó perfecto”, cuenta Somana. ¿El más vendido? El de pastrami con queso gauda ahumado y coleslaw, que elaboran a base de pollo ganso marinado con sal y especias, y doce horas de ahumado.

Otro proyecto que destaca es Rienda Suelta, la carnicería que además de cortes premium de wagyu y angus, también cuenta con un bar de carnes, con opciones como entraña con papas fritas y sándwiches de pulled pork. O Fiol Dulcería, de la premiada chef Camila Fiol –elegida Mejor Pastelera de Latinoamérica en 2024 por la lista 50 Best–, con su vitrina de dulces y golosinas elaborados con hierbas y frutas locales de todo Chile, como murta, ruibarbo y chañar. 

Cocinas para todos

MUT también es sinónimo de variedad. Aquí conviven proyectos de distintos tamaños y estilos: desde la cocina de autor de Ambrosía Bistró –el restaurante de Carolina Bazán y la sommelier Rosario Onetto–, que ofrece platos estacionales y creativos maridados con vinos de bodegas independientes; hasta la cocina turca de Meze, con coloridos hummus, babaganoush y otras especialidades, como las berenjenas fritas; a buen precio, por cierto.

También hay espacio para las tradicionales empanadas fritas Huentelauquén, la cocina india de Donde Naresh o propuestas como El Valenciano, especializado en paellas y tapas, entre otras.

Uno de los proyectos que más da qué hablar es Arigato, una barra de sushi nikkei que fusiona sabores japoneses y peruanos con un servicio ágil y precios democráticos. El proyecto nació después de la pandemia, de la mano de los cocineros peruanos Dante Zegarra, César de la Cruz y Tommy Olarte, y rápidamente encontró en MUT el lugar apropiado para crecer. “Desde el día uno superamos todas las expectativas. Veníamos de hacer un par de pop ups que nos ayudaron a probar el mercado, pero cuando abrimos oficialmente la venta se cuadruplicó”, recuerda Olarte.

El éxito, dice, tiene que ver tanto con el concepto como con el lugar. “Acá no te sientes comiendo en un mall. Es un espacio acogedor, con identidad, donde puedes almorzar rápido y rico, sin pagar precios desorbitados”.

Con apenas 18 sillas, Arigato atiende en promedio a 700 personas diarias, que disfrutan de makis acevichados y pokes con pollo apanado y salsa teriyaki, a precios que van entre $3.900 y $6.900. “Lo que buscamos es ofrecer una cocina honesta, con buen producto y procesos cuidados, pero en un formato comercial, que pueda sostener un alto flujo, sin perder calidad”, explica Olarte. 

Lo nuevo

Abierto hace pocos meses, Diablo Vino & Fuego marcó un hito dentro del MUT al ser el primer restaurante en conseguir patente de alcohol. Se trata de la apuesta de la viña Concha y Toro junto al grupo Melting Cook –los mismos detrás de Bocanáriz– y su gran atractivo son los wine dispensers de autoservicio: permiten probar por copa más de 30 etiquetas, incluyendo íconos de la viña, como Carmín de Peumo o Don Melchor, además de vinos de pequeños productores.

Pero la gran apertura de la temporada es Les Dix Vins, el bar de vinos y bistró francés de Marion y Guillaume Liss junto a Juan Ignacio Pavón, que acaba de abrir sus puertas en una ubicación privilegiada de 250 metros cuadrados frente a los jardines del MUT.

El proyecto cuenta con más de 500 etiquetas de Francia, Chile y el mundo, además de cocina francesa, como Tablas de quesos franceses o Confit de pato, y una barra de coctelería; un gran salto en propuesta y estética para la marca, que cumple nueve años en el barrio El Golf. 

Con capacidad para más de 90 comensales, terraza al aire libre y una curatoría que privilegia tanto a productores consagrados como a pequeños viñateros, seguirá rindiendo tributo a su nombre, con una selección de diez vinos por copa que cambian todas las semanas. “Queremos que Les Dix Vins sea un espacio transversal y cotidiano, donde puedas tomarte una copa desde $2.900, nuestra idea es acercar el vino a la gente”, dice Marion Liss. 

A fin de año también abrirá The Loft, en el quinto piso, un bar de coctelería clásica y de autor; un espacio de diseño cuidado, que también contará con más de 300 etiquetas de vinos seleccionadas. Y, durante el próximo año, vuelve Fuente Las Cabras, que marca el regreso del chef Juan Pablo Mellado con su cocina chilena inspirada en las fuentes de soda tradicionales.

El MUT, de todos modos, está lejos de estar completo. El proyecto –que contempla 180 mil metros cuadrados construidos y más de 380 locales en total– seguirá sumando propuestas en los próximos años, incluidas al menos 20 o 25 nuevas cocinas. “Este lugar se va a transformar en el polo gastronómico más importante de Chile. Han hecho un trabajo de curatoría serio, donde se impone la calidad en todos los locales. No existe un Doggis ni un McDonald’s, y eso marca la diferencia”, dice Matías Arteaga.

MUT. Av. Apoquindo 2730, Las Condes. Más información en Mut.cl.

*Reportaje publicado originalmente en Revista La Cav, edición octubre 2025. Editado y adaptado para vivirparacomer.com.

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