La comida aquí es casera, abundante y con la esencia de la cuchara chilena, en la que —por lo bajo— se sirven dos platos fuertes por persona, invitando a desabrocharse el cinturón y afilarse los dientes.

El menú diario de El Rancho Cunaquino, que cambia de martes a domingo, celebra los sabores de cada temporada. Las entradas incluyen platillos como queso fresco con ensalada que llega bien aliñada a la mesa, lengua fría con mayonesa, y arrollado de malaya o de pernil hecho en casa. “En verano también hacemos tomates rellenos, pero solo cuando el tiempo y el tomate lo permiten”, explica Richard.

En los platos principales, la tradición huasa se hace notar: el almuerzo es combustible para la jornada laboral de la tarde en el campo. Siempre hay una sopa, en referencia a los almuerzos de mesa rural, seguida de una proteína con acompañamiento. Los fondos pueden incluir garbanzos, lentejas o porotos con pilco, seguidos por pollo con ciruelas, carne al horno, humitas, pulpa con arroz y papas mayo, o su célebre cazuela de cerdo con chuchoca.

¿Extras? Claro que sí. Fuera de la carta y del menú diario, se puede pedir por sí solo platos de arrollado, lengua o pernil. Hay papas fritas caseras, ¡cortadas a mano! También hay opciones de fondo como el costillar de cerdo con puré, chuletas, pechugas de pollo o lomos a lo pobre, con precios que van entre 12.000 y 14.000 pesos.

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